martes, 25 de febrero de 2014

Desde mi balcón habanero (1)

   ¡Cuánto añoro la vista desde mi balcón pinero allá en la ciudad de Nueva Gerona!, por el frente se distingue a plenitud la Sierra Caballos, por donde se aprecian los amaneceres más hermosos desde mi ciudad natal, o en otra época del año vemos salir al astro Rey por detrás del Mogote Colombo, que divide a las playas Punta de Piedra y Paraíso.
    ¡Imaginan ustedes ese mismo amanecer desde la playa Bibijagua!, cuando niño, lo recuerdo inolvidablemente, esos primeros rayos, como una bendición de Dios, dando la bienvenida a un día más, y un día menos.
     Allá nos íbamos de acampada, mucho antes de existir la Base de Campismo Arenas negras.
    Ahora la vista cambia de imágenes a más de dos años de la partida de mi Isla, el entorno, aunque diferente, me hace disfrutar también del alba o del ocaso, rodeado de La Madre Naturaleza, esa que no puede faltar en mi existencia, porque moriría de melancolía y tristeza por ella.
   Es La Habana, la capital, la urbe, pero vivo en uno de los sitios más espirituales de ella, entre una amplia vegetación, con una temperatura agradable en cualquier época del año, un microclima que me regala el placer de la sensación térmica que muchos quisieran en esta ínsula donde el verano es permanente.
   El crepúsculo es mi fiel amigo al amanecer o en las tardes, adorar a ese gigante que nos da vida a todos los seres de este planeta forma parte de mi enriquecimiento espiritual, esa carga de energía positiva, del magnetismo para emprender otra jornada entre la vorágine del corazón del Vedado, donde me desarrollo profesionalmente.
   Aquí les regalo solo una pequeña muestra de este paisaje que mis ojos ven a diario desde mi balcón habanero, momento cumbre para amar, recordar, y no dejar morir las esperanzas.