sábado, 1 de febrero de 2014

Cuba, La Habana en fotos (25)


   Hijo de la naturaleza soy, a ella disfruto desde que tengo uso de razón, entre ella me crié en el barrio Las diez casitas de Sierra Caballos en Nueva Gerona, de la entonces Isla de Pinos.

Entre montes llenos de matorrales, palmas, helechos pequeños y arbóreos, donde teníamos varios arroyuelos, jugábamos a los escondidos, a los tira chapas con escopetas de palo y las tapas de las botellas de refresco.
Muy cerca de la casa un gran espejo de agua, una de las majestuosas represas que fueron construidas para el regadío de la agricultura pinera, y en ella aprendí a nadar.
Hasta los doce años de edad estuve viviendo en esa zona y después nos mudamos para el residencial barrio Abel Santamaría, donde aún viven mis padres y hermano.
El brusco cambio me afectó emocionalmente y hasta espiritualmente pudiera decir, porque de vivir en una casa con un gran patio lleno de sembrados, arboles, donde cada tarde al regresar de la escuela me dedicaba a regar las plantas o a irme con los amigos a mataperrear, y en el nuevo barrio residir en un quinto piso de un edificio, hay una total diferencia de condiciones ambientales.
Eso sí, gané una de las más bellas vistas de toda la ciudad de Nueva Gerona y desde ese apartamento se distinguen a plenitud las Sierras Caballos y Las Casas, también tenemos a solo una cuadra el Parque Natural Julio Antonio Mella, sitio donde he captado varias de las más hermosas instantáneas publicadas en este blog y donde existe un pequeño laguito muy cerca de las canchas de tenis.
Extraño a diario esos paisajes y traigo a mi mente los mejores recuerdos de la infancia en mi natal Sierra Caballos y mi juventud en Abel Santamaría.
Recuerdos cargados de naturaleza viva, del color verde con sus tonalidades, de los reflejos de las nubes y el monte en los espejos de agua.
Sombras donde la naturaleza me ayuda a liberar el estrés y las energías negativas que se recibe en la zona de trabajo como lo es el Vedado capitalino, lleno de bulla, del incómodo tránsito por sus calles.
Naturaleza hay también en el Vedado, con sus bellos parques y zonas verdes, esas que hay que buscar para disfrutar dentro de la jungla del asfalto cubana.
Mientras, los dejo con el laguito, este espejo de agua que tengo en el camino aquí en La Habana, que tiene el detalle de los pinos que me acompañaron en la Isla de la Juventud durante tantos años.