sábado, 15 de febrero de 2014

Rialto

Interesante y a la vez curioso artículo publicado en el periódico Victoria de la Isla de la Juventud, el sábado 11 de agosto de 2001, por el ya desaparecido historiador pinero Juan Colina La Rosa, dedicado al teatro Rialto, más conocido por Victoria, hoy en ruinas en pleno Bulevar de Nueva Gerona
   Aún permanecen en mi memoria los momentos aquellos de las puestas en escena de muchas obras en el teatro Victoria. Fragmentos de distintas piezas montadas por el Ballet Nacional de Cuba; conciertos de piano por los más famosos intérpretes cubanos; recitales de la llamada música popular y las actuaciones de grupos de teatro de distintos lugares del país, así como los del patio formados por aficionados y otros profesionales. Además de la posibilidad de apreciar un que otro filme.
   Sin lugar a dudas, el teatro Victoria, nombrado así desde 1967, logró convertirse en un espacio donde los pineros podían invertir parte de su tiempo libre, de una manera culta.
   Con el tiempo, y el andar por los caminos de la historia, encontré este lugar con el nombre de teatro Rialto.
   Sí, Rialto, es muy posible que muchos miembros de la generación actual no sepan de este. Sin embargo, todo parece indicar que ya en la década del 20 del pasado siglo, era una realidad.
 En una foto de esa época se puede apreciar el escenario con un grupo de figuras de la cultura de aquellos momentos, y como asientos, unos bancos grandes con espaldar de madera. Ya en 1931 se observa el mismo escenario pero sin los bancos, sino con butacas reclinables de madera, bien trabajadas con pajilla en el respaldo.  
   Cuando converso con los pineros viejos, sobre todo, los que están por arribar a los 70 años, recuerdan cómo, casi en el mismo local pero con acceso por otra puerta, se encontraba la mesa de billar, separada por una pared y la pequeña heladera de Juan Elejalde, quien con las ganancias de la venta de las paleticas y helados, pudo levantar la cafetería Nora (hoy Día y noche), al lado del teatro.
   De igual manera recuerdan los asientos colocados en el piso de arriba al lado del proyector de películas, a donde se subía por dos escaleras laterales. Ninguno olvida el valor de las entradas, primero a cinco centavos, después a diez y ya al final a 20.
   Claro, en aquellos momentos conseguir un medio, un real o una peseta, como se decía entonces, no era tan fácil como hoy.
   Hilda Torres Hernández, hija de Eleno, último de los propietarios, quien lo compró a Amado Mateo allá por los primeros años de la década del cincuenta, me dijo que ella iba al Rialto para ver las películas de estreno y que nunca se le ha olvidado la llamada Lo que el viento se llevó, fue espectacular, pues durante tres días se mantuvo totalmente lleno.
   También recuerda haber visto algunas de las obras escenificadas, sobre todo en las que actuó el grupo de Enrique Arredondo, así como otros del patio.
   Para revivir los momentos más cercanos, nos habló Orlando Núñez, pinero, quien desde niño estuvo vinculado al teatro y conserva una foto donde actuó en aquel escenario en una actividad de mimos.
   Una figura de quien necesariamente, al hablar del Rialto se debe mencionar, es la de Lino Muñoz Riol, lo mismo hacía de torero, cantante, bailarín que de negrito pintado en las piezas de humor.
   Después de andar un poco por la historia de esa institución, convencido estoy que ella ha sido un lugar de esparcimiento, educación y cultura para la gran mayoría de los pineros, y sobre todo una de las más importantes durante mucho tiempo.
   Hoy es un reclamo de la población la reapertura del teatro de Nueva Gerona.
   Se puede decir, que ya, además de la voluntad, existen los primeros recursos para dar inicio a la tan esperada restauración, y esperamos no pase mucho tiempo para poder apreciar en su sala nuevas puestas en escena como del grupo TIJO, Pinos Nuevos, danza española y otros muchos espectáculos, que sirvan para enriquecer el acervo cultural de todos los habitantes de este pedazo de tierra cubana.     
Ramón Leyva Morales