martes, 4 de marzo de 2014

En la Universidad de La Habana un magnicidio ecológico

     ¿Quién duda que las plantas o árboles son seres vivos?, ¿Acaso no nos regalan el oxigeno, la sombra y brisa fresca en el verano?, ¿Y el placer de contemplar sus movimientos, su belleza, su elegancia y majestuosidad?
   Hace solo unos días publicaba aquí un fotorreportaje el cual me inspiró en una de esos amaneceres en que La Habana me recibe trabajando, la hermosa vegetación que “rodeaba” al mayor recinto Universitario del país, la Casa de Altos Estudios capitalina, la histórica Universidad de La Habana.
   El sábado dos de marzo se avizoraba una vez más de júbilo en la escalinata de los jóvenes cubanos con un gran concierto dedicado a Los Cinco y como bienvenida a uno de los antiterroristas nuestros presos en cárceles norteamericanas.
   Temprano en la mañana acudí al sitio para comprobar los preparativos y mis ojos se aguaron al instante, y no precisamente por la emoción de los trabajos que se realizaban allí, sino por el magnicidio cometido contra aquella bella y vigorosa vegetación que abrazaba los contornos de la Universidad y que hoy solo quedan en las imágenes captadas por este bloguero.
    ¡A quién se le ocurrió semejante idea!, ¿Quién autorizó la ¿poda?, o más bien diría "la tala" indiscriminada de la arboleda que ha formado parte del entorno de ese sitio durante tantos años?
   Una imagen como esta me hace recordar ahora la devastación del Huracán Gustav por mi tierra pinera en el 2008. Entonces fue la propia naturaleza la causante del magnicidio y hoy ha sido la mano insensible del hombre.
   Y aquí no hay justificaciones de que afectaba el cablerío de la electricidad o la telefonía porque ni un solo cable hay en esos patios donde estaban las aparentes imponentes ramas.
   Comparen las fotos del artículo anterior y las de este.
    Ya está hecho el lamentable suicidio contra el medio ambiente y el entorno del Vedado capitalino y contra la belleza de los patios de la Universidad de La Habana. 
   ¡Qué lástima Yeyo!..., ¡Compadre!  
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Ramón Leyva Morales