martes, 27 de junio de 2017

Despertar sin ti y contigo



La soledad del cuerpo no pesa más que la del alma.
Esa que tortura al caer la tarde y nos devora al amanecer.
Es la soledad de la mente, del cuerpo, la falta de calor, de tu olor y caricias, de tus besos y abrazos.
La falta de tus susurros, de tu aliento dulce y tu ternura sin igual.
Amanece y a Dios le doy gracias por un día más en mi vida pero los días pasan y pesan sin tu compañía.
El cuarto me parece mucho más grande y los rayos de sol que se reflejan en la pared dan un toque de melancolía y tristeza.
Nadie acude a mi auxilio, nadie grita al mundo que existe un amor esperando entregarse para ocuparse y preocuparse día y noche por este mortal sediento de un sexo sin límites.
Mientras sigo en la soledad de mi cuerpo, de mi cuarto, y cada mañana el alba me sorprenderá con estas imágenes que a pesar de todo y todos son una real bendición porque siempre que exista un día más no morirá la esperanza del amor.