martes, 2 de septiembre de 2014

Juan Esteban Nápoles, otro amigo que se va

Excelente compañero de trabajo y amigo 
Se te extraña cada día buen amigo


Siempre sonriente, gentil y caballeroso

 A pocas cuadras de Infanta 105, dirección donde se ubica el popular edificio azul que acoge a La emisora de la familia cubana, Radio Progreso, me para un custodio de la planta y me dice: ¡Te enteraste que Nápoles se murió!

No recuerdo lo que le dije, solo se que me ericé de pies a cabeza y sentí un dolor intenso en el pecho.

¡No podía ser!
Iba camino a mis labores frente a los micrófonos de La onda de la alegría, esa que seguro en esos momentos lloraba y no podía enmudecer, pero estaba enlutada por la pérdida de uno de sus más fieles trabajadores y con un sentido de pertenencia como pocos.
Tuve que leer en tres ocasiones la siguiente nota redactada por el Premio Nacional de la Radio y colega, Manuel Andrés Mazorra:
“A las cinco y veinticinco minutos de esta tarde falleció el entrañable compañero Juan Esteban Nápoles,  realizador de sonido de nuestra emisora.
Juan Esteban nació en Camagüey hace 54 años y desde muy joven se incorporó al medio radial en Radio Cadena Agramonte.
En la década de los años ochenta se incorporó a la emisora Radio Progreso, donde desarrolló una destacada labor en su programación.
Su cadáver estará expuesto en la Funeraria de Calzada y K hasta las ocho de la mañana de este miércoles.
Llegue a sus familiares nuestras mas sentidas condolencias”.
Aún tenía tiempo para ir al triste sitio capitalino de Calzada y K y acudí para dar un último adiós al amigo y compañero.
¡Me parecía mentira la partida física de Nápoles!
En un pequeño cubículo de la Funeraria, sin flores, yacía su cuerpo.
Recuerdo que fue con el primer realizador de sonidos que trabajé en la primera emisora que me abrió las puertas en La Habana, Progreso, y de él aprendí no solo de la historia de la misma, sino también de los conocimientos sobre música cubana que él poseía.
Durante más de dos años coincidimos en el matutino dominical RP 105, una revista de dos horas, de la cual era su realizador titular.
Al terminar la revista a la hora ocho, entraba nuevamente con él en cabina desde las diez de la mañana y hasta las tres de la tarde, tiempo que ocupa una programación grabada y me tocaba la responsabilidad de identificar la emisora, dar la hora, la cartelera y los boletines de noticias.
Al medio día bajaba al comedor a buscarle su almuerzo, y casi siempre compartía la mitad del mismo conmigo ya que no era muy comilón.
Era una persona de detalles, siempre con un caramelito a mano para sus compañeros de trabajo, y en muchas ocasiones me mandaba a buscarle una caja de bombones para un especial regalo a una amiga, o iba a la casa de un amigo que le grababa un CD para regalárselo a alguien que necesitaba la música de algún interprete de su preferencia.
Por cierto, en la cabina central tenía un gavetero con una de las colecciones más completas de música, obsequio de los músicos o cantantes, tanto nacionales como extranjeros, que han pasado por los programas de la parrilla de su casa grande.
Esa misma noche de su partida quise dedicarle un artículo pero solo me inspiró escribir unas sencillas palabras en mi muro de Facebook.
Es difícil aún estar en esta inmensa cabina de transmisiones sin su presencia, con esa figura tan elegante y siempre sonriente.
Le decía a él y a mis compañeros de trabajo que Nápoles era la persona más elegante aquí, y era realmente así ya que vestía de camisas mangas largas, con una gran colección de ellas, con estirados pantalones de salir, zapatos pulcros y de su cuerpo se podía sentir un agradable olor a colonia.
De él pudiera estar hablando un buen rato con anécdotas de interés, pero ahora los quiero dejar con estos artículos publicados en la internet de algunos de sus compañeros de labor.

 

Cada mañana de domingo durante más de dos años, Nápoles nos acompañó a Náyade y a mí en la revista RP 105

Junto a Teodoro Herrera Acosta, periodista, Jefe de la página web de Radio Progreso y director del programa RP 105 y una amiga incondicional de Nápoles, la realizadora de sonidos Irma Prada





Teo escribió en su muro de Facebook:


“Juan Esteban Nápoles, Un Buen Compañero acaba de irse.
No comprendo como el cáncer pudo más.
Una historia triste de dos meses y medio, que ha sorprendido a todos los que sabemos cuando queremos a un hombre de radio, a un hombre de bien.
Tengo que decir que Nápoles fue mi compañero de las madrugadas de domingo. Madrugadas de radio. Madrugadas de sueño y de tensión porque todo salga bien a pesar de la hora y del cansancio.
Su nombre forma parte, por casi 30 años, en una parte esencial de Radio Progreso, la cabina central de la Onda de la Alegría.
Recuerdo ahora, y será por siempre su cordial sonrisa, su manera de contestar el teléfono, y sus camisas de mangas largas”.
 


Maestro del sonido en La Onda de la alegría
 Uno de sus colegas en la realización de sonidos con quien alternaba en ocasiones las largas jornadas del domingo es Juan Miguel Carballo, (arriba junto a él en la foto), quien se inspiró en su amigo y compañero y escribió:
¡Qué lejano estaba yo de pensar aquel domingo 29 de junio cuando Nápoles me pidió que le hiciera el turno de la mañana!
Su salud se estaba quebrantando a partir de esa fecha y no pudo seguir trabajando y su estado físico cada vez más deteriorado, esa cruel enfermedad se llevó en nada a mi buen compañero y amigo.
Radio Progreso ha perdido al hombre más nombrado y querido entre nosotros los realizadores de sonido.
Es difícil aceptar su partida, estar en la cabina de transmisiones y pensar que ese colega bajito, con sus camisas mangas largas, sus peculiares gestos y siempre dispuesto a servir, no esté más físicamente y digo físicamente porque estará presente entre nosotros.
Donde quiera que estés, que tu alma descanse amigo.
Tres compañeros de trabajo de La emisora de la familia cubana Nápoles, Carlos Cepero Tur y Juan Miguel Carballo, realizadores de sonido en la cabina de transmisiones de Progreso


Compartiendo uno de los estelares programas de Radio Progreso junto a este bloguero, el popular músico Chequeré  y mi colega del micrófono Jesús López Chong


Miles de horas pasó Nápoles junto al Maestro de la locución cubana, el popular Eduardo Rosillo


Otro de sus colegas del máster del sonido, Ramoncito Miranda, conocido popularmente como Cascarita
 Directora y locutora es Iris Sobeida Columbié, quien le regaló estas sentidas palabras en su muro de la red social más popular de internet:
“Nunca hubiera imaginado que hoy tendría que escribirte un adiós, a ti que tantas veces elogiaste mis crónicas.
   Se me hace muy difícil creer que uno de los nombres que más se menciona en Radio Progreso se nos vaya prematuramente, aún quedaban muchas emisiones de A Primera Hora esperando por tus servicios, Epigramas, la Discoteca Popular, En vivo y directo.
   En el sonido de la programación de cada domingo en la Emisora de la familia cubana quedarán las huellas de tus manos.
   Muchos de tus compañeros sentiremos tu ausencia, tu empeño en coleccionar la música, la buena música que ofrecías con gusto a quienes las necesitaran.
   Tantos años de labores en Radio Progreso no merecen un adiós porque Juan Esteban Nápoles estará por siempre al lado del corazón”.
 


Precisamente el popular director de Radio y Televisión  Guille Vilar quien dirige el espacio “Al lado del corazón” en las tardes del domingo, también nos regaló su sentir del amigo Nápoles:


Nápoles, hermano querido.
El pasado martes falleció uno de los compañeros más queridos de Radio Progreso: Juan Esteban Nápoles.
Legendario operador de cabina de nuestra emisora, Nápoles era famoso por su sentido del deber, de la disciplina y del compañerismo.
Nunca se le veía disgustado con ninguno de sus compañeros de Radio Progreso sino al contrario, se preocupaba por detalles como obsequiar al colectivo del programa en que estaba trabajando, con algún caramelito o un paquetico de galletitas, esos pequeños gestos que hacen grande una vida sin demasiados espavientos.
En tal sentido, muchas personalidades de nuestra Emisora forman parte del orgullo de la cultura cubana.
Sin embargo, otros quizás menos conocidos como Juan Esteban Nápoles, hacían lo suyo desde el mayor silencio, desde la mayor modestia, pero hacia lo que hiciera falta como lo necesita nuestra Revolución, como lo necesita nuestro país.
Nápoles, tus compañeros de Radio Progreso, continuaremos inspirados en tu dedicación al trabajo, en tu amor por la Emisora.
Descansa en paz, hermano querido.
 

El periodista Jesús Díaz Loyola publicaba en internet:
Un hombre de radio que agotaba sus días en «La Onda de La Alegría»
MUERE JUAN ESTEBAN NÁPOLES, LA MANO DEL SONIDO EN RADIO PROGRESO
  Hablaba con el sonido. 
Era de los que decían que para surcar el éter cada día, cada hora y a cada minuto, había que "vivir envenenado con la radio".
   Juan Esteban Nápoles (Camagüey, 1960 - La Habana, 2014), uno de los más importantes realizadores de sonido de la emisora cubana Radio Progreso, vivió empedernidamente pegado a la radio hasta el martes 12 de agosto, en que le sorprendió la muerte en la misma Habana, tal vez añorando hacer lo que más le gustaba: consumir sus días entre los controles de cabina y los estudios de grabación de «La Onda de la Alegría».
Eran poco más de las seis de la tarde (hora de Cuba), la media noche española del martes último, cuando otro empedernido de la radio del lado de allá del micrófono —Pedro Silva— me dio la descorazonada noticia mientras escuchaba Progreso desde Miami, Florida: "Acaba de morir Juan Esteban Nápoles, de Radio Progreso". Eran las 5:25 pm cuando su corazón dejó de latir en La Habana.
   Nápoles tenía 54 años. 
Era joven, y con esa vitalidad de emprendedor del oficio lo voy a recordar cuando yo compartía las grabaciones de mis crónicas periodísticas con la maestría de un Juan Esteban que ya se dejaba toda la pasión en los estudios de Infanta, 105.
   Cuando las míticas bobinas cargadas de efectos y sonidos reinaban en la radio de los ochenta y noventa, Nápoles las desafiaba durante horas infinitas, pegado a las consolas alemanas con su maestría innata en el arte de hacer la radio.
   Su auto de fe en el medio donde creció, fue concebir la realización del sonido como una disciplina técnico-artística que justificaba en él todo el poder expresivo de la onda. Y en esa esencia se forjó y formó en Progreso a una generación de noveles realizadores de las ondas.
   Afable y respetuoso. A cada cosa le daba siempre su lugar.
Operador de mis tiempos de radio habanera, sobre todo en el programa mañanero "A Primera Hora" que dirigió Luis Orlando Pantoja y condujo magistralmente Raúl Luis Galiano.
En realidad, Juan Esteban fue un talento de la radio desde el primer día. Emergió desde su natal Camagüey, donde la radio fue una revelación en él cuando empezó a coproducir la revista informativa "Meridiano", que salió al aire en 1985 bajo la dirección de Pantoja y la asistencia técnica del joven Nápoles.
   Fue un artista de los recursos expresivos de la radio. Innovaba cuando se ponía a las ediciones de programas enteros. Lo contó Jesús Dueñas Becerra, compañero de fatigas en las largas faenas que compartieron en las ondas hertzianas.
   Su pasión obcecada por la radio comenzó en el instituto donde estudiaba en Camagüey, cuando todavía era un joven con olfato incorporándose a un círculo temático sobre radio: «Desde el primer día me incliné por la realización de audio, realizaba prácticas en Radio Cadena Agramonte, donde empecé como asistente desde 1980 hasta 1989».
   A finales de la década de los ochenta, Nápoles dio el salto que añora todo profesional y se fue a la capital. Entonces se abrió camino en «La Onda de La Alegría» como asistente de audio primero, en varios espacios musicales e informativos: Discoteca Popular, Juventud 2000 y A primera hora. En los tres acabó siendo un consagrado, porque desde 1991, fue el realizador de sonido principal en esos programas estelares de la parrilla de Radio Progreso.
   Progreso fue una escuela en su vida, donde acabó sembrándose como editor de grabaciones y realizador de sonido en la cabina central. En realidad, la cabina era arte en sus manos.
   Su maestría sirvió para mantener en antena el mensaje sonoro cuando compartía largas horas de radio junto a la decana de la voz, Lilia Rosa López y el maestro de la conducción radiofónica, Eduardo Rosillo. A ellos y a muchos otros, Juan Esteban vivió agradecido toda la vida, los estimó y respetó hasta el final como figuras representativas de la gran familia que integró en Progreso durante más de 20 años.
El martes se bajó del tren de la radio para siempre.
Nápoles alimentaba con sus conceptos a la radio. Se lo dijo a Jesús Dueñas «si la espiritualidad se define como el conjunto de acciones que el hombre y la mujer realizan y que les dan pleno sentido a sus vidas, puedo autocalificarme como una persona que ha sabido espiritualizar su profesión».
   Hoy todo el mundo lamenta en Progreso su partida y la radio cubana llora al ser generoso que se les fue.